Hoy en Arequipa los periódicos, con titulares a color, a grandes letras, con imágenes crudas reproducen algo que sucedió al atardecer entre la Ayacucho (en realidad Calle Grau) y Santa Catalina.
Cuando entro a clases a veces reproduzco lo que un día aprendí: los niños y los jóvenes son inmortales porque nunca piensan en la muerte. La muerte para ellos es una palabra que no existe. Claro que trato de sustentar mi tesis con el único propósito de motivar caras largas que uno encuentra en su tarea como docente.
Pero son palabras. Unos pierden a sus hijos lentamente, otros no saben de pérdidas y ayer una familia aprendió que suele pasar. Así de fácil. Así de cruel. Y que la muerte sí existe para los niños y que ellos no son inmortales.
No se puede evitar la indignación. Todavía veo el rostro de dolor, los gritos vacíos que procuraban encontrar algo en donde sólo había un conductor culpable que venía rodeado de policías en la comisaría de Santa Martha, asesino le gritaban y la pena y la rabia formaban una sustancia desconocida hasta ayer.
El Diario Correo hoy 6 de abril manifiesta:
Producto del impacto, el Suzuki guinda terminó con las llantas hacia arriba y el niño Erick Estrada Arisaca (7), salió disparado quedando muy grave. Según testigos, se escucharon gritos desesperados de los progenitores como "ayúdenme a salir", "Erickkk... ya voy" mientras eran auxiliados por los transeúntes para salir del carro...
La ley, esa invención humana, tiene ahora su existencia plena, pero tiene que luchar con policía coimeros, con amenazantes reparaciones y el niño entre largas noches de insomnio intentando buscar por qué las cosas y por qué la muerte.
lunes, 6 de abril de 2009
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