Al final de cuentas sólo nos desmoronamos como Pedro Páramo en un montón de piedras o tal vez en otras cosas que el viento lleva. Si no podemos conciliar en nuestras diferencias y no importa ya lo que otros digan con respecto a lo que nos jode -a pesar de las mismas cosas que nos forman- es porque el individuo ha llegado a tocar esa bóveda plástica del periodo medieval; y se ha dado por vencido porque al fin sólo se es una palabra concreta.
Una sonsera ambulante, algo donde la incertidumbre cobra definitivo sentido. Pero nos gobierna la arbitrariedad del lenguaje, la hegemonía de lo sutil, la tangente...esa elaboración humana que nos hace ver el mundo como una necesidad también humana.
Tanto el capitalismo como el comunismo son variantes de la vanguardia del siglo XX que postuló utopías revolucionarias y evidentemente de necesidad histórica; y aunque toda revolución sea un salto al pasado esto no debe entenderse como una negación del otro.
La infinita ingenuidad de algunos les permite crear ideas contestatarias o anarquistas, ahora, esa elaboración no sólo está presente en los bandos progresistas sino también y muy latente en los contextos políticos que plantean el consumismo y la satisfacción del deseo colectivo mediante el olvido de lo real.
Un país que parte de una dicotomía imaginaria suele lograr el concepto subalterno de la hibridez; sin embargo, cuando este ser dialógico es una farsa de la teoría ¿qué crees que pase?.
martes, 14 de abril de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario